El ser es más importante que el hacer
El otro día estaba yo leyendo este pasaje: No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual. 2 Reyes 23:25
El rey mencionado es Josías y este versículo es un resumen de su vida. La vida de Josías es aún más increíble al considerar su vida. Era nieto del infamo Manasés e hijo de Amón. Amón, su padre, era tan malvado que sus propios siervos conspiraron contra él y lo mataron cuando Josías tenía apenas ocho años. Así que Josías se encontró en el trono a los ocho años. Que es más, ni tenía las escrituras para su guía, pues se habían perdido por descuido de Israel y fue hasta años después en el reino de Josías que se descubrieron.
Sin padre, sin buena familia, sin las escrituras, y en un tiempo turbulento en la sociedad, ¿quién le hubiera dado mucha esperanza a Josías? Sin embargo, dada la oportunidad, Josías se pegó al Señor Dios de todo su corazón como ningún otro. Se preocupó más por ser un varón de Dios que por hacer grandes cosas para Dios. Como resultado de ser un varón de Dios, entregado por completo a Él, Josías pudo hacer grandes cosas también.
Me hace pensar en lo que D. L. Moody dijo, el famoso evangelista del siglo diecinueve. Dijo, “El mundo no ha visto lo que Dios puede hacer a través de un hombre totalmente entregado a Él. Por la gracia de Dios quiero ser ese hombre.”


