Sacrificio Vivo
Posted by: Jeff Adams in Español, Scriptural Application for Everyday Life¿Cómo es posible leer un pasaje tantas veces y pasar por alto algo tan importante? Hoy estuve leyendo Romanos 12:1-2, pasaje que he leído literalmente cientas de veces y no sé cuántas veces he predicado o enseñado sobre lo mismo. Ví algo fundamental.
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:1
Nuestra familiaridad con algo a veces nos ciega. Cuando pienso en la frase sacrificio vivo, pienso en un sacrificio que fue preparado cuando la víctima aun vivía. Ahora, el sacerdote entra en el lugar santo llevando en sus manos un trozo de carne bien cocida. Haciendo a la aplicación a lo espiritual, la imagen que siempre he tendio es de mi cuerpo muerto, entregado a Dios. Suena bien, pero la verdad es que mi cuerpo siempre está conmigo y está muy, demasiado vivo.
Creo que lo que Pablo dice es aun más radical. Está hablando de un sacrificio vivo – es decir un sacrifico presentado al Señor, pero que sigue siempre viviente. Lo que Dios quiere de mí no es un cuerpo muerto que ya no funciona, sino un cuerpo que sigue viviendo, pero que está totalmente entregado en sumisión a su servicio. No es que yo dejara de existir, sino que Dios tenga control total de mi cuerpo vivo. Imagínate a aquel sacerdote entrando en el lugar santo con un animal vivo en sus manos – ¡eso sí es algo radical! Un animal que está vivo hoy, y vive mañana también, pero que no sale de la presencia de Dios.
El segundo versículo nos explica cómo se hace. Es a través de una transformación de nuestro pensar. Ya no es ser controlado por la carne, sino que la carne sea entregada viva a Dios para su servicio. Este entendimiento me ayuda a entender mejor otro pasaje.
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20
Mi vida está crucificada juntamente con Cristo, pero siempre vive. Cristo vive en mí. Pero, ¿cómo vivo yo? En la carne. Sigo viviendo en la carne, pero vivo en la fe del Hijo de Dios y no según mis propios deseos e ideas.
No sé si ves lo mismo que veo, pero este entendimiento me ayuda a mejor visualizar la vida que Dios quiere que yo viva – no algo muerto, sino algo muy vivo, pero totalmente entregado a él.
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